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viernes, 9 de marzo de 2012

El mundo y Yo | La soledad en un texto empañado



Un día de lluvia.

Había estado caminando mojándome por algún rato pensando en esto y aquello; a veces no pensando como habitualmente lo hago, pero en todo momento yendo y viniendo así. Eran las nueve de la noche en Tucumán y la lluvia estaba en pleno proceso.

Cualquiera se puede dar cuenta cómo el agua opera sobre los objetos, sobre el aire, aún antes de caer o toparse con algo: La luz de la calle enciende los pequeños charcos de las veredas y se forman en ellos esos puntitos que son las huellas del agua que les cae encima. Las gotas que sólo van —reflexionaba. Porque una gota nunca vuelve, ¿no?, ni en medio de una lluvia torrencial. Una gota de agua siempre va...

Momentáneamente, pasaban algunos autos aunque ya no había casi nada de tránsito, dado cómo estaba el clima. El ruido de las ruedas en el pavimento mojado, del agua topándose con el parabrisas y de los huecos en el suelo con sus charcos invadidos por ese pasar de los vehículos, todo eso se impregnaba en mí, con este siempre presente ir y venir.

De repente, luego de cruzar hacia una calle oscura solamente iluminada por los focos de las arterias aledañas, vi a una mujer con un niño en brazos —tal vez una niña— en una parada de colectivos. Yo estaba a unos 70 metros de ellos, acercándome. Y ya se podía ver que pronto íbamos a ser la lluvia, algún casual automóvil pasando, los huecos de la calle, la luz tenue reflejándose desde lejos, ellos y yo.

lunes, 15 de agosto de 2011

Amor que desatas a mitades

Algún momento hace unos cuatro años...


Vuelvo a escribir del amor y ahora me refiero a él como algo inalcanzable. No logro escribir romance en frente de mi propio espejo. Veo el pelo en mi mano que lo toca y esa sensación del universo adentro, esa sensación no atendida como hoy la atiendo recordando. Mi amor es vacío, la situación incompleta sostenida entre dos hilos, dimensión de la cosa inacabada, espacio en mitades soportado. Mi amor es angustia, baldosa triturada por su desequilibrio. Angustia en la plaza, en el parque, en la cabeza de quien escribe. Busco el bello momento espontáneo del acompañamiento, suave mano tras la mía, tocándome con su olor. Pero veo que debo ser masón, albañil de los puentes, para acercar las distancias y hacer suelo pisable tras la esquina de esta casa.

Y veo lejanía todavía, como espinas en el ramo. Y veo soledad entumecida en mi esternón. Recuerdo rayos de sol en ese pelo y figuras de piel marrón bajo mis manos que sudaban. Momentos de risas en ese universo contenido, en compañía, con alguien sumando al deleite. ¡Qué buenos momentos pisando la tierra! Me hacía árbol plantado con esos abrazos, era Dios en la botella del pirata, esa del mapa y del tesoro en alguna isla. Y el olor, ese olor inconfundible, con el que ahora sufro en los mayores silencios, como siempre. Como siempre sufro, cavando el ojo para una lágrima de amor... más bien de desamor. Mi amor es vacío, mi desamor es todo lo completamente a mitades. ¡No sé qué es peor! Ver lo que quiero y reconocer lo que tengo me es imposible, no hay tesoros en el cofre del mañana. En esta mitad no hay mañana sino sólo el reflejo de algo en el pecho. Mi pecho, tu pecho..., ahora mío de nuevo, venido a mí en una mitad, en un trozo entero de vacío... en un recuerdo que no se elige.

martes, 30 de marzo de 2010

"¡Decime qué es el más allá antes que me despierte!"

Hoy tuve El Sueño con mi padre. Esperaba tenerlo desde hace tiempo, desde que empezó a ser polvo cósmico más rotundamente. Pero no soñaba nada, salvo algunos sueños comunes, pero nada especial a mis ojos. Sabía que lo tendría así que sólo esperaba tenerlo. Y Ese Sueño vino hoy...



Habré estado en una habitación tal vez con algún familiar, conversando de cualquier cosa, hasta que apareció él. Todo el sueño era uno común, es decir, con ese nivel de consciencia que a uno le dice que eso no es un sueño sino la "realidad". La habitación era pequeña y formaba parte de una casa como cualquier otra; tenía una cama hacia donde yo miraba en cuclillas. Detrás mío había alguien, un conocido o un familiar, no lo tengo preciso, pero era alguien que yo registraba; además, junto a mí y en esa habitación, había una mesa alargada. Y cuando pongo "mesa alargada" ya me estoy acordando parte de qué era esa habitación en mi sueño. Pero seguiré con el relato.